Monasterio de Benedictinas

Alba de Tormes

Nosotras, hijas de San Benito

sta conjunción de fidelidad y actualidad se advierte también en el esfuerzo de adhesión leal, aquí y ahora al espíritu de nuestro Fundador. Somos 13 monjas, pertenecientes a la Federación Galaico-Leonesa, una de las cuatro asociaciones de monasterios benedictinos femeninos existentes en nuestro país. Y entre ellos, somos la comunidad vigésimo novena de las que España siguen a San Benito.
San Benito. Nuestro querido Padre y Fundador. Su vida, narrada por el Papa San Gregorio Magno (590-604) se extiende entre los años 480 y 547. Nacido en la comarca de Nursia (Italia), en una familia perteneciente a la pequeña nobleza rural, Benito fue enviado a Roma para completar su formación literaria. La corrupción de costumbres imperante en la urbe le movió a tomar una determinación radical: “despreciando el estudio de las letras, abandonó la casa y los bienes paternos”, y, “deseoso de agradar solamente a Dios”, abrazó la vida monástica. Vivió primero como anacoreta en una gruta de la soledad de Subiaco, pero pronto se le agregaron numerosos discípulos hasta poblar 12 Monasterios. Su fama llego hasta Roma, “y algunos nobles le ofrecieron a sus hijos para que los educara en el temor de Dios todopoderoso”. Finalmente se desplazó al sur, entre Roma y Nápoles: a Montecasino, donde permaneció hasta su muerte al frente de una Comunidad, para la que escribe su Regla, vigente hasta hoy.

uestra Regla

Esta Regla no es obra de un teórico de la vida monástica, sino de un hombre práctico y espiritual. Es, ciertamente, un fruto maduro de sus convicciones profundas, de sus lecturas, de sus experiencias de monje y abad y, por qué no decirlos, y de su docilidad al Espíritu. Es por ello, y asi la consideramos, una obra flexible y viva. Para nosotras, está animada por un soplo vivificante que le permite responder perfectamente a las exigencias siempre nuevas de la existencia humana y monástica. Las fuentes de esta Regla nuestra son, en primer lugar, la Sagrada Escritura como verdadera y auténtica guía del monje; luego la Regla del Maestro, de donde San Benito supo extraer los elementos más grávidos de la vida espiritual y darles en su propia obra una eficacia definitiva; y en tercer lugar la Tradición: Casiano y Agustín con sus escritos, reflexiones y espiritualidad constituyen una de las bases fundamentales para la bella síntesis benedictina.
La fuerza de esta Regla, hecha vida en sus seguidores, le valió a San Benito el título de “Padre de los monjes de Occidente”. Posteriormente Pio XII lo llama “Padre de Europa” y Pablo VI lo declara “Patrono de Europa”