Monasterio de Benedictinas

Alba de Tormes

uestro origen

Dada la ausencia de testimonios directos en nuestro archivo, nada podemos asegurar con certeza acerca del origen de nuestro Monasterio. La primera referencia que manifiesta su existencia pertenece a la mitad del siglo XIII: una Bula del Papa Inocencio IV. A este original pontificio, podemos, sí, añadir una carta de amparo del Infante D. Sancho al Monasterio de Santa María de las Dueñas, fechada en la propia Alba de Tormes en 1279.
Curiosamente, el primer asentamiento de nuestra casa fue exterior al recinto urbano de Alba: a quinientos metros del casco urbano actual. Las Crónicas nos sitúan “extramuros”, y precisan que el traslado al interior de la población fue en 1769, al mismo lugar donde nuestra casa se asienta en la actualidad. ¡Un hecho llamativo, y hasta simpático, tratándose de un centro religioso afincado en Alba de Tormes, “Villa Teresiana”!
Podemos subrayar que en el Siglo de Oro la comunidad monástica contó con algunas monjas de cierta importancia histórica: Doña Mayor y Doña María Ovalle, hermanas de un cuñado de Santa Teresa; a quien añadimos a la niña Beatriz de Ovalle y Ahumada, sobrina de la Santa, que fue educada en nuestra casa. Pasados los años, en el siglo XIX la comunidad se incrementó al acoger a las monjas –seis- del monasterio de Santa Ana de Salamanca.
¡Difíciles tiempos los de la Edad Contemporánea! También ellos dejaron su huella: primero fue la Guerra de la Independencia, con sus trastornos y penurias; más tarde los años del Ciclo Liberal, cuyas Leyes Desamortizadoras estuvieron a punto de expulsar y extinguir la comunidad en 1869; por último la Guerra Civil, en la que dos bombas cayeron sobre las tapias del Monasterio en 1937.
Superados aquellos años, la Comunidad volvió a reemprender con crecido fervor la vida monástica, y hasta vivir tiempos de bonanza. Nuestra abadía pudo ayudar a otros Monasterios… y de ella salieron las monjas que iniciaron la vida conventual en dos cenobios femeninos: el Monasterio de la Natividad del Señor (Madrid) y el Monasterio de la Fuensanta en Aljezares (Murcia)

Nuestro presente

on tal bagaje a nuestra espalda, ¿cómo afrontamos el presente? Una pregunta que, sin duda, se pueden hacer nuestros visitantes. Nos sentimos, en verdad, un eslabón en nuestra historia; como enlace vivo, entre el pasado fiel y fecundo que acabamos de resumir, y un futuro abierto a la Providencia. Una combinación muy presente en el propio monasterio material en el que vivimos. Contamos con un edificio recién restaurado, bellamente funcional, que se ha modernizado sin prescindir de su sello antiguo.